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Tuesday, 07 July 2020 23:25

Rol y autoconcepto I: El cuerpo perfecto

“¿Cómo tener un cuerpo perfecto para la playa?” se ha convertido en una de esas frases de temporada. 

La respuesta que más me gusta es la que da dos sencillos pasos: Primero, ten un cuerpo; segundo, ve a la playa.

Así de fácil es, aunque lo sintamos complicado.

Pues lo mismo pasa con el rol.

 

Desde que nacemos, nos separan en grupos por nuestro físico, insértese aquí los diálogos de una clase de Educación Física de Primaria. ¿Cuántas gafas, gordas, jirafas, tapones, caragranos y una larga lista de insultos podía usarse? Tantas palabras que creíamos que nos definían y que hoy en día forman parte de una representación mental sobre quiénes somos para nosotras mismas. Ese esquema, esa imagen que ves en tu mente cuando te imaginas en un mundo de fantasía, eres tú. Como hacer una hoja de personaje, pero en la vida real. Y sin dados.

En mi caso, si hiciera una hoja de personaje sobre mí, seguramente estaría llena de adjetivos que han usado para describirme, sobre todo los negativos, pese a que finja que calan menos. Mi físico estaría formado por opiniones que jamás pedí, pero que me dieron sin piedad. Una pifia en toda regla. Por eso (y porque estamos en verano y me tienen harta con las publicidades de los cuerpos perfectos), hoy me apetece compartir contigo cómo el rol entró en mi vida de un portazo, me estampó un mundo de posibilidades en la cara y me ayudó a quererme un poco más con cada partida.


 

Mi primer personaje para una campaña fue una enana pelirroja que detestaba lavarse y ocultaba objetos (animados e inanimados) en su barba trenzada. Mi segundo personaje, una dama de la alta sociedad, alta, delgada, con el cabello castaño y ojos enormes de un intenso color azul. En la campaña que juego actualmente, mi personaje también es alta y delgada, aunque es una tabaxi (gueparda) con el pelaje suave y corto. Si contamos one shots, he estado tatuada en lugares que desconocía que una persona se podía tatuar, he tenido cicatrices alarmantes, la piel de tonos oscuros, claros e imposibles físicamente, el cabello corto, largo, gris... O sin un solo pelo. 

He sido ágil como buena kitsune, me he chocado contra una puerta al intentar entrar en casa de lo alta que era y me he preocupado por si me comía un gato. Mi esquema corporal ha mutado hasta pensar: “Vale, tengo dos brazos más, ¿con cuál me rasco la espalda?” y otras tantas cuestiones que no podría comentar en una cena de empresa. Por desgracia.


En mi caso, como jugadora confeti*, sé que ‘nuestro cuerpo’ es un concepto relativo. Según el universo que estemos habitando en ese momento, tendremos ocho patas más, un brazo menos, poderes mágicos, una espada flamígera, un ojo robótico o un despacho de detectives en blanco y negro. Nos imaginamos a nosotras mismas en ese mundo alternativo, con nuestras características y habilidades, e intentamos superar las adversidades con ese nuevo cuerpo prestado por unas horas. 

 En la vida real, por otro lado, poca gente conozco que ame su cuerpo. Hay quien lo ve como una herramienta, quien lo acepta porque no le queda otra, quien lo detesta e intenta cambiarlo y quien pese a detestarlo, se conforma con él. Y la inmensa gama de colores que se forma entre esas posibilidades. 

 

Una de las ventajas enormes del rol es que tu cuerpo no es tuyo, que si mueres, no te mueres. Jamás sentirás el fuego de Fernia en tu carne, pero se te podría poner la piel de gallina mientras tu director de juego te describe su intensidad; igual que nadie te obligará a arrancarte una pierna si tus dados han decidido traicionarte (y si lo intenta, ¡huye, insensato!). 

Por desgracia, sabemos que en la vida real a veces preferirías pasar una temporada en Fernia o en la España medieval antes que enfrentarte a los juicios que ciertas personas hacen sobre tu cuerpo. Quizá es tu madre, tu jefa, tu novia, tu vecina del quinto o incluso peor, tú. Mirarte en el espejo tal vez pasó de ser una rutina a un desafío, probarte ropa se convirtió en una odisea y un cumplido sincero te sonó a burla, como si tus peores enemigos te invitaran a jugar a ese juego que detestas en mitad del desierto y sin Pringles para picar. I feel you

 

 

Es entonces cuando el rol vuelve a aparecer y te destruye con manuales y aventuras asombrosas para recordarte algo esencial: si tu hoja de personaje de la vida real se va a la basura, no vuelve. Esto es una vez y nunca más. Si tu cuerpo deja de funcionar, se terminó. Caput. Finito. Pum patapum.

 

¡No, esperad!

¡Que nadie se lance a practicar puenting o conducir a trescientos kilómetros por hora! 

¡Pies quietos y orejas bien abiertas! 

¡Aún no he terminado!

 

 

Cuando digo que te vas a morir (lo siento, espero que sea dentro de mucho, pero te vas a morir), no se trata de que te obligues a hacer eso que jamás has hecho y cometas locuras. Sería mejor si cada cierto tiempo te tomas unos minutos para reflexionar sobre dónde estás y dónde te gustaría estar para actuar en consecuencia. Parar y seguir andando, si hace falta, en otra dirección, porque vivimos en una sociedad que nos exige en marzo que empecemos la operación bikini (aunque no usemos) para que el resto nos admiren y aplaudan al llegar a la playa. ¡Mírala, qué preciosa está ella, vamos a aplaudirle porque ha conseguido tener un cuerpazo en junio y lleva esforzándose desde marzo!

Ojalá, pero la realidad no es esa. 

 

La realidad es que querríamos que nos pagaran cien euros la hora por jugar a rol y reírnos con nuestras amigas. Que mientras nos tumbamos a ver Gravity Falls por quinta vez en el sofá, nuestro ordenador redactara esa serie de artículos que tanto te apetecía compartir, pero a la vez te aterra que alguien pueda leer. Que ese juego de rol que queríamos crear y testear apareciera por arte de magia en nuestra carpeta de “Proyectos” que ni sabíamos que existía.

Pero sabemos que nada de eso va a ocurrir si no nos detenemos y valoramos a qué le concedemos nuestro tiempo y nuestra energía, a qué (y a quién) le entregamos nuestro cuerpo. Y sí, eso es prestarle atención a nuestra hoja de personaje. Y sí de nuevo, eso es cuidarse.

 

Cuidarse es empezar a andar por ese tortuoso camino que llevamos evitando durante días, tal vez años, para sentirnos mejor. Duele más que hacer puenting, os lo puedo asegurar, pero también provoca más orgasmos emocionales. Ver que ese artículo loco sobre rol y autoconcepto va tomando forma hace que te sientas mejor que yendo a trescientos por la autopista, pese a que ha dolido como una patada en la cara.

 

El rol nos ha enseñado que crear un personaje con carácter requiere echarle horas y esfuerzo. Preparar una campaña, entretenida y sin cabos sueltos, sinónimo de noches de investigación y ciclos de sueño irregulares. Publicar un juego de rol, verosímil y divertido, con las normas justas pero no demasiado ajustadas, significa tiempo, y dinero en ofrendas para las diosas editoriales. Usarás tu cuerpo de maneras horribles e indeseadas para quizá (porque nadie te lo puede asegurar) lograr ese objetivo que te habías propuesto años atrás. Te desvelarás, te alimentarás de comida basura, te cuestionarás si puedes mover un sólo dedo después de haber tirado ochenta dados, pero valdrá la pena cuando te sientas igual de poderosa siendo una maga que elude a la Paradoja o haciendo la renta tú solita. Cuando te mires al espejo y te quieras porque, qué demonios, has podido llegar hasta aquí.

Nuestro cuerpo, pero sobre todo, la idea que tenemos sobre él, es un ser hambriento de palabras e ideas. Cuanto más lo alimentemos con acciones que nos complacen y le digamos cosas bonitas como: “esta tarde toca rol con los colegas” o “me ha costado, pero mira qué pedazo de campaña he creado, ¡soy la mejor!”, más ganas tendrás de seguir adelante y ver hasta dónde llegas.

Y rodéate, por cierto, de gente que embellezca tu autoconcepto y de paso, te dé rol del bueno. ¿Que hay un grupo que hace que te duela el cuerpo entero tras cada sesión de lo incómoda que te sientes? Vuela alto y lejos, pequeña ave fénix. ¿Que tus jugadoras no te escuchan y no existen reglas consensuadas en la mesa? ¡Dirige a otras! Las directoras siempre son anheladas en la dirección online. Recuerda: Tu autoconcepto se alimenta de lo que siente tu cuerpo y tu cuerpo te necesita para crecer. Cuídalo bien, anda. Cada día una mazmorra, cada día una aventura, cada día una puerta que abres y que no sabías que tu cuerpo era capaz de hacer.

 

Así, poco a poco, llegará el junio en el que tus amigas te pregunten si quieres ir a la playa y tú te preocupes por qué juego dirigir y ya no más por cómo te vas a vestir, porque sabrás que tu cuerpo ha sido capaz de enfrentarse a Acererak con la misma valentía con la que decidió volver a estudiar. 

Porque los únicos críticos a los que atendemos las roleras, son a los que marcan los dados.

 



*Confeti es el adjetivo que uso para las jugadoras que se emocionan con el desarrollo de la aventura, a las que le brillan los ojos mientras se zambullen felizmente en la experiencia que viven. No son tan intensas como las jugadoras dinosaurio (que se comerían a la directora de juego de las ganas que tienen de aventura), de hecho, suelen apartarse del foco de atención un poco para poder centrarse en cómo evoluciona el mundo. 

Quizá debería escribir un artículo sobre tipos de jugadoras o hacer un test... ¡O ambos!

Published in Rol con Piña